IDEA DEL TALLER


Desde pequeños nos han de enseñar, hemos de aprender a reír cuando y cuanto nos plazca, a llorar, a expresar nuestras emociones, a estar en contacto con lo mejor que llevamos dentro, a intercambiar opiniones, a disfrutar con los otros y a respetarles. La lectura y la escritura nos ayudan a todo esto, a potenciar el espíritu, la nobleza del corazón, a amarnos más a nosotros mismos y a los que nos rodean. Y también a que, cuando llegamos a adultos, no perdamos la ilusión encabritada de la niñez ni la pasión por el juego. Recordemos aquellas palabras de Dylan Thomas: La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo.
La imaginación, tan denostada en nuestro tiempo, alumbra el espíritu del ser humano. Le enriquece abriéndole la posibilidad de reinventarse a sí mismo, dotándole de ilusión y deseo. Imaginar un árbol tan distinto al que vemos todos los días, un paisaje que jamás hemos contemplado o una hermosa ciudad que sólo existe en nuestros sueños. Imaginar una manera diferente de hacer las cosas, de relacionarnos con lo que nos rodea. Imaginar un mundo un poquito mejor.
El acto de la escritura surge del centro mismo de la imaginación. Podría decirse que es la manifestación más hermosa de ésta. También que un sujeto está tanto más cerca de su ser cuanto más en conexión se encuentre con sus emociones. La lectura y la escritura nos ayudan a indagar, a explorar en nuestro interior, a ponernos en juego con nosotros mismos y con los otros. A no tener pudor de los sentimientos.